enero, 2019 – POR

Nunca antes tuve perro

Hoy es el cumpleaños de mi perro. No sabemos que edad tiene exactamente, ni la fecha en que nació, solo se que hace 2 años que nos conocimos y nos amamos. Hace 2 años nos encontramos, nos rescatamos y nos embarcamos en una gran aventura, una de las más lindas que me tocó vivir.

Nunca antes tuve perro. Toda mi vida fueron puros gatos. Miro a un gato y ya se que está pensando, qué quiere, cuáles serán sus próximos pasos.

Mis últimas experiencias con perros habían de pobres a malas: me mordió Lazie, la caniche de unos vecinos también me mordió, y un bretón me deseaba secretamente la muerte con su mirada. Si bien siempre amé a los perros nunca tuve esa conexión que hace la gente, casi de forma innata, seguramente producto de nunca haber vivido con uno. Hasta que pasé por Chacabuco.

Quiso el destino que mi novio tuviera que ir a trabajar un fin de semana a esa localidad, quiso el destino que esta vez tenía una habitación de hotel para él solo, quiso el destino que mis amigas cancelaron una juntada a ultimo momento y quise yo irme con él.

Llegamos de noche y con mucho calor. Chacabuco es un pueblo, la plaza en el medio y poco alrededor. Mientras caminábamos buscando algún lugar con aire acondicionado para cenar (no conseguimos), contaba la cantidad de perros que me cruzaba por cuadra y el numero era alarmante: entre 2 y 3. A falta de aire acondicionado elegimos un restaurant con mesita afuera y no tardaron en llegar los perros a pedir. A pedir sobras, pan, mimos, algo. Tampoco tardo en llegar la angustia. A los 10 minutos de estar sentados yo ya estaba lagrimeando, dandole mi comida a escondidas del personal a una parejita de perros. Uno estaba medio flaco pero era demasiado miedoso para acercarse a pedir, no confiaba en nadie, solo en su hambre. En cambio el otro, más chiquito y entrador, agarraba lo que le daba, se lo llevaba y lo compartía con el miedoso. Ese cuadro termino por destruirme la poca entereza que me quedaba y simplemente me entregué al llanto. La angustia me superó y terminé obligando a mi novio a darle la mitad del sánguche que aun no había comido a esos perritos, y así pasamos el resto de la cena, él hambreado, yo con el corazón roto.

perro galgo fondo negro nunca antes tuve perro

Nos fuimos rápido porque la situación era insostenible. Mas tarde fuimos al boliche donde él tenía que trabajar e incluso ahí adentro había perros. El horror no dejaba de perseguirme.

Salimos del hotel pasado el mediodía con el plan de almorzar algo rápido y emprender la vuelta. Fuimos a comer al único bar que estaba abierto a las 3 de al tarde porque la siesta con 38º C un día domingo en un pueblo es una cita más que obligada. Me siento contra la ventana y miro hacia la plaza del medio. Varios grupos de perros se iban corriendo buscando la sombra, haciéndose compañía, tal como la noche anterior. Me aliviaba un poco ver casi en todas las esquinas algún tachito con agua para los comunitarios, que eran muchísimos, y que mal que mal ninguno estaba flaco o visiblemente enfermo. Ya estaba empezando a sentirme mejor cuando vislumbro a un perro que no se movía de su lugar persiguiendo la sombra como los demás, que estaba solo y que no paraba de lamerse todo el tiempo la misma zona. Ese perrito esta mal – le digo a mi novio. Como podes saber?- me dice – estamos lejos como para que puedas ver algo. Ese perrito esta mal – repetía yo.

Salimos del bar y le pido que nos acerquemos al perro solitario para ver que le pasaba. Parecía ser un galgo pero tamaño extra-large, estaba muy al borde de la vereda, agitadísimo y no paraba de lamerse la parte de adentro de las patas traseras. Le ofrecimos agua y se tomo 1 litro y medio, estaba totalmente deshidratado. Lo llamo para que se levante y en el intento no logra más que arrastrarse hacia mí con las patas delanteras. Listo, esta atropellado, fracturado, por eso no se mueve y se queda al sol, por eso esta deshidratado, por eso se lame compulsivamente las patas, porque le duele, porque no puede caminar, porque lo atropellaron hace poco y apenas logró subirse al cordón de la vereda. Traé el auto – le digo a mi novio – lo llevamos a casa y le buscamos un transito y adopción. Porque 2 gatos + 1 perrote en un departamento de 3 ambientes y sin experiencia con perros era una mala ecuación.

Trae el auto, lo estaciona cerca y en cuanto abre la puerta el susodicho hace un esfuerzo sobre-perruno con sus patas delanteras y con mucha dificultad se para y se va raudo hacia el auto con una felicidad que parecía que se iba a Disney. Ok, camina, alivio x 1000. Auto chico + perro grande: con algo de trabajo logramos hacerlo entrar en la parte de atrás de un Palio 2 puertas y se porto como un duque las 4 horas que duró el viaje sin llorar, sin hacer pis ni caca, sin decir ni mu.

La primera noche comió como si no hubiera mañana, durmió solito en el balcón, separado de mis gatos, y mientras el aullaba en sueños nosotros nos preguntábamos que catzo íbamos a hacer con semejante animal en casa. La situación económica era mala, bastante mala, no estábamos para afrontar con holgura una eventualidad y menos ocuparnos desde cero de la salud de un perro claramente enfermo, pero nos acostamos a dormir sabiendo que estábamos haciendo bien. De alguna forma nos íbamos a arreglar.

perro galgo fondo negro animal print

La primera acción nos llego de la mano de una gran amiga, Silvana, que nos consiguió un tránsito y nos dio contención emocional (ella es una proteccionista “perrera”) pero a las 48hs nos dimos cuenta de que iba a estar mejor en casa que allá, donde ya tenían demasiados. La segunda acción vino de quien es hoy su veterinaria de cabecera, Silvia, cuando fui a comprarle una pipeta, antiparasitario y collar + correa (así podíamos dejar de usar el cinturón de mi novio con ese fin) y conectó tanto con él que nos regaló todo para que tenga un feliz comienzo de su segunda vida.

La tercera acción vino de una amiga que se convirtió rápidamente en su hada madrina, Mayra, que le trajo un colchón grandote, le consiguió su primer cajita de Artrín para aliviar un poco sus huesitos maltrechos y le regaló su primer baño calentito. No cabía en mi la gratitud. Me había olvidado de que las acciones buenas son un imán para más acciones buenas. Ya llegaría una familia para este grandulón. Bobby le decíamos, como Bobby, mi buen amigo, este verano no podrás venir conmigo.

Ademas de la situación económica, yo no andaba nada bien. Lloraba todos los días sin razón aparente, sentía un vació enorme a pesar de estar muy bien acompañada por mi pareja, familia y amig@s, tenía crisis de ansiedad muy fuertes que me dejaban mirando a la pared sin poder emitir sonido, por fuera una piedra, por dentro una tormenta. No estaba ni cerca de estar en mi mejor momento. Y en medio de todo ese lío viene mi novio y me ofrece 2 nombres formales para bautizarlo y hacer oficial su incorporación a la familia. Primero le pedí que no me haga ese tipo de chistes, que con esas cosas con se juega. Después le pregunte si me hablaba de verdad, y ante su confirmación estallé en llanto y en risa, todo al mismo tiempo, de 0 a 100 en 1 segundo (ya les dije que no andaba muy bien, jajaja). Las lágrimas me brotaban sin parar, mi novio se preocupó y me dijo que si sabía que me iba a poner así quizás hubiera sido mejor no decirme nada, así que me calme y pude agradecerle por regalarme una familia como nunca antes había tenido, por darme un perr-hijo y encaminarnos juntos a formar nuestra propia familia humano-ni humana. Ahora éramos nosotros 2, Batato, Felipe y el flamante Ziggy, en honor al delgado, elegante e intrigante Ziggy Stardust.

perro galgo y su mama humama fondo negro

Todo lo demás fue y sigue siendo historia, mi historia, la historia de un perro abandonado y nuestro nuevo lugar en el mundo. Yo no seré la mas experta, el no será el típico galgo confiado y regalón, pero somos lo que nos tocó en suerte – o en destino – y aquí estamos escribiendo las páginas de nuestra historia, dejando nuestras huella en la vida del otro, aprendiendo algo nuevo cada día, pero sobre todo a querernos y aceptarnos con nuestros defectos y virtudes, a celebrarlas y a abrazarlas, porque dicen que la familia no se elige, que es algo que simplemente nos toca, y empiezo a creer que es verdad.